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Tras concluir la primera parte de las Clásicas, donde el belga Philippe Gilbert acaparó los éxitos más importantes, llega la primera de las tres grandes vueltas: el Giro de Italia. Y lo hace con la presencia de Alberto Contador, que prometió que participaría en Giro, Tour y Vuelta si finalmente no era sancionado; así que mientras se resuelven los recursos presentados por la UCI y la AMA el pinteño será de la partida en la ronda transalpina.

Alberto Contador es el gran favorito para conquistar su segundo Giro de Italia tras su victoria en 2008

Contador ha tratado de abstraerse de todos los procesos judiciales desde que le fue devuelta la licencia, tratando de centrarse exclusivamente en su preparación para la temporada. Y vaya si lo ha conseguido, conquistando la Vuelta a Murcia y la Volta a Cataluña, con una y dos etapas respectivamente; además de una etapa en la Vuelta a Castilla y León, donde una serie de averías le privaron de pelear por la general final, que finalmente se llevó Xavi Tondo. Con estos precedentes, parece bastante claro que el gran rival del pinteño será el mismo; y más si recordamos que en 2008 ganó el Giro de Italia cuando apenas una semana antes de comenzar estaba de vacaciones.

Pero por más que Alberto sea el gran favorito, hay un grupo de grandes nombres que no se lo pondrá nada fácil. Hay una decena de corredores con capacidad para hacer un buen papel, pero dos ciclistas sobresalen entre las apuestas para disputarle la victoria a Contador; el ruso Denis Menchov y la gran esperanza italiana, Vincenzo Nibali. Tras ellos vendría un grupo de corredores con Michele Scarponi a la cabeza, que pueden dar un paso adelante para colarse en el podium final de Milán, como Igor Antón, Roman Kreuziger, Joaquim Rodríguez, David Arroyo, Christophe Le Mevel o Carlos Sastre, aunque estos dos últimos suponen una mayor incógnita por la falta de buenos resultados recientes. La lista es larga, pero serán Menchov o Nibali las ruedas que buscarán todos cuando Contador pase al ataque.

El ruso Denis Menchov también buscará su segundo Giro tras el conquistado en 2009

Tras conquistar la ronda italiana en 2009 y no defender su corona en 2010; el ruso tratará de suceder en el palmarés a Ivan Basso, que tampoco defenderá su victoria este año. Su trayectoria le sitúa como la gran alternativa a Contador, tras ganar un Giro y dos Vueltas -la primera tras la descalificación de Roberto Heras-; y sobre todo tras dos podiums en el Tour de Francia, incluyendo el de la última edición, donde acompaño a los dos grandes dominadores del ciclismo actual, Contador y Andy Schleck. Su mejor resultado reciente es el tercer puesto en la general de la Vuelta a Murcia, pero su constancia en los últimos años le otorgan un status de gran nivel en el pelotón, por lo que será uno de los hombres a vigilar. Además, contará con un lugarteniente de lujo como Carlos Sastre.

Vincenzo Nibali es la gran esperanza italiana tras su triunfo en la Vuelta

Nibali llega al Giro como la gran ilusión de la afición italiana, que ve en el siciliano un grandísimo futuro en las grandes vueltas. Y desde luego lo tiene, como demostró en la Vuelta a España del año pasado, donde sólo Igor Antón pudo estar a su nivel hasta que tuvo que retirarse por una caída cuando vestía el rojo. Calidad tiene de sobra, aunque la presencia de Contador puede venirle grande. El año pasado fue tercero tras Basso y David Arroyo, pero desde entonces ha dado un salto de nivel significativo, y tendrá que refrendarlo a lo largo de las próximas tres semanas.

La lista de aspirantes se completa con Michele Scarponi, Igor Antón, "Purito" Rodríguez, Roman Kreuziger, David Arroyo y Carlos Sastre

Michele Scarponi es el cuarto en discordia en casi todas las quinielas, mientras que Igor Antón se verá beneficiado por la generosa cantidad de montaña que habrá en esta edición, al igual que “Purito”. Roman Kreuziger y David Arroyo estrenarán jefatura de filas de Astaná y Movistar, respectivamente; mientras que Carlos Sastre viene para ayudar a Menchov, pero con ciclistas de su clase nunca se puede estar seguro.

Por si los nombres que aparecen como candidatos fueran pocos, se verán acompañados de otros que deberán convertirse en los grandes animadores de las etapas, como los locales Danilo Di Luca, Stefano Garzelli, Domenico Pozzovivo, Rinaldo Nocentini, Dario Cataldo, Giovanni Visconti o Emanuelle Sella, que siempre tienen ganas de brillar ante su público; o españoles como Dani Navarro o Mikel Nieve, que trabajarán para sus líderes pero que podrían buscar algún momento de gloria personal. Y como no, clásicos del pelotón que deberán tener presencia en carrera como el inglés David Millar, el sueco Thomas Lovkvist, el francés Brice Feillu, el bielorruso Vasil Kiryienka, el venezolano José Rujano, el australiano Richie Porte o el portugués Tiago Machado.

Finalmente, la relación de velocistas que se jugarán las pocas etapas que habrá a priori al sprint, estará encabezada por los tres grandes sprinters de los últimos años: el británico Mark Cavendish, el italiano Alessandro Petacchi y el norteamericano Tyler Farrar.

Mark Cavendish, Alessandro Petacchi y Tyler Farrar serán las ruedas a seguir en los sprints

Si estos tres dejan algo, hay un buen número de sprinters que esperarán su oportunidad, como Borut Bozic, Robbie McEwen, Gerald Ciolek, Graeme Brown, el español Fran Ventoso o Mark Renshaw si no tiene que lanzar a Cavendish.

Son suficientes nombres -más los que quieran aparecer a lo largo de la prueba-, como para garantizar un precioso espectáculo. Y el recorrido no será menos, con ocho etapas de alta montaña -siete con final en alto-, y cinco de media montaña; con 40 puertos en total. El recorrido se completa con cinco etapas llanas y tres contra el crono: el prólogo por equipos de 19 kilómetros, una cronoescalada de 13 y la contrarreloj final de Milán de 31 kilómetros. Serán 21 etapas en 23 días entre Turín y Milán donde el pelotón llegará con 3.524 kilómetros en las piernas, con nueve etapas con más de 200 kilómetros y tramos de tierra para castigar todavía más las piernas de los corredores.

En definitiva, que los amantes del deporte de la bicicleta no tendrán excusa alguna desde hoy 7 de Mayo y hasta el próximo domingo 29 para no pegarse a la televisión.

Yo creo en la inocencia de Alberto. No soy médico ni tengo un laboratorio contra el doping, ni tampoco me hace falta. Y creo en él porque nunca le ha hecho falta, porque siempre se ha alzado como el gran campeón llamado a comandar el renacimiento del ciclismo tras sus tiempos más oscuros. Esa dicotomía naciente con el luxemburgués Andy Schleck, que cada año llega más fuerte y más cerca, estaba consiguiendo devolver al ciclismo a las cotas que merece. Y parece que vamos por el buen camino.

O al menos eso parece. Ahora se oyen voces ventajistas alarmando sobre el ennegrecimiento de tan precioso deporte. Pero basta con echar la vista atrás unos pocos años para darse perfecta cuenta de que el panorama ha mejorado considerablemente. Los escándalos del Festina de Richard Virenque, los positivos de grandes campeones como Roberto Heras, Óscar Sevilla o Joseba Beloki, la alargadísima sombra que no cesa de perseguir a Lance Armstrong -que curiosamente es el ejemplo de más sospechas producidas sin que acaben en sanción alguna, pese a contarse con testigos presenciales de sus prácticas dopantes-, la archifamosa Operación Puerto, y sobre todo, las trágicas muertes de Marco Pantani y el “Chava” Jiménez.

Esto si ha sido el ciclismo oscuro. No hace tanto, y esto hace que muchos quieran alargar una época que muchos sabemos que ya acabó. Antes el ser extraño era ese ciclista que prefería partirse el pecho en las carreteras y llegar a 10 minutos del líder, en un pelotón donde todos daban por buena esa “ayudita” extra llegada como agua de Mayo por vía intravenosa. Era el ciclismo un deporte de yonkis. Ahora es justo al revés. La mayoría han asumido que la limpieza es el camino, y lo raro es encontrar a un corredor que vaya en busca de esa ayuda. Algunos lo hacen pero son la excepción. Y son pillados.

Y si hay alguien que no necesita ninguna ayuda, ese es Contador. Ya ha demostrado en las carreteras que prefiere ser segundo a ganar con trampas, como ya se vio en su primer Tour, donde asumió el liderazgo de Michael Rasmussen, aquel danés que provenía del mountain-bike que de un año para otro pasó de ser un gran e irregular escalador que se dejaba diez minutos en la crono a un ciclista todoterreno que dominaba todas las especialidades. Algo pasaba y dio positivo. Como tantos otros.

 

Alberto Contador, uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos, librando ahora la batalla por su inocencia

 

Y parece ser que como Alberto Contador. Pero basta con observar un par de cosas para darse cuenta de que este positivo no tiene prácticamente nada que ver con ningún otro. A priori lo único que tienen en común es un control efectuado por un laboratorio que no ha dado el resultado esperado. Pero ahí acaban los paralelismos.

De entrada la Unión Ciclista Internacional ha tardado más de un mes en hacerlo público, lo que es un claro síntoma de que no tienen nada claro que haya habido una práctica dopante, ya que si lo tuviesen claro, este asunto se hubiera hecho público hace más de un mes, y la sanción habría sido inminente.

En segundo lugar, la cantidad encontrada de la sustancia es tan ínfima que sólo existen cinco laboratorios del mundo capaces de encontrarla, por lo que la misma muestra analizada en un laboratorio cualquiera habría dado negativo.

Tercero, el clembuterol no hace absolutamente nada por el rendimiento de un ciclista en tan minúsculas proporciones. Es ridículo jugarse un positivo por algo así. Si no se darían más casos por clembuterol, pero no es así.

Y cuarto -aunque seguro que me dejo muchos más-, Alberto Contador tiene una historia, no ha hablado de conspiraciones como otros ni ha guardado silencio como muchos. Una historia creíble y que da todas las explicaciones necesarias a los hechos producidos. Una historia de lo más sencilla que ha producido un malentendido de unas proporciones gigantescas, y que ha puesto en tela de juicio la victoria de nuestro gran campeón, postulado como una luz abierta ante el oscurantismo que vivió el deporte del sillín en la época de Lance Armstrong, que ya empezó su leyenda cubierto de sospechas al aprovechar la superación de un cáncer de testículos para mejorar de forma extrañísima como ciclista, y la fue perpetrando con el curioso sistema de fichar para su equipo con unos sueldos millonarios a todo aquel que pudiera hacerle frente.

Por ello, yo pongo la mano en el fuego por la inocencia de Alberto. Y como yo millones más. Porque nada encaja, todo está cogido por los pelos. Ni siquiera había querido mencionar ese supuesto plastificante que parece ser un invento de los periódicos norteamericanos (aquellos que corrían grandes cortinas de humo con cada sospecha de dopaje de su campeón) y los franceses (frustrados por el éxito ajeno unido al fracaso propio). Por todo esto, pero sobre todo porque la UCI, gran perseguidora de las prácticas dopantes, cree en la inocencia de Alberto.

Pep Guardiola, uno de los pocos deportistas que han limpiado su nombre por completo tras ser acusados de dopaje

Y sería fantástico para mi, ya que supondría que el segundo de mis grandes ídolos deportivos acusado de dopaje logra limpiar su nombre. Es algo que muy pocos han conseguido, y entre ellos se encuentra Pep Guardiola, que vivió en sus carnes la injusticia de una mentira en la que tampoco nada encajaba -Pep lo había sido todo en el equipo de sus sueños, y disfrutaba de un retiro futbolístico en Italia enfocado al aprendizaje de nuevas técnicas y tácticas a desarrollar en su incipiente carrera de entrenador-, y que tras una incesante lucha consiguió limpiar su nombre de forma completa, aunque a muchos se les haya olvidado. Ahora Alberto está en el camino de lo mismo, de demostrar por completo su inocencia; aunque para muchos falsos amantes del deporte siempre habrá una nube de sospecha sobre sus cabezas.