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Arranca el Tour 2011 con la rivalidad entre Alberto Contador y Andy Schleck como gran reclamo

Vuelve la gran batalla: Alberto Contador vs Andy Schleck

Ya ha pasado un año desde el Tour de la polémica. Contador llegaba a la ronda gala como gran favorito y sin la presión de compartir equipo con Lance Armstrong. Su principal rival volvía a ser Andy Schleck, que comandaba un Saxo Bank fortísimo cuyo objetivo era llevar al joven luxemburgués a lo más alto del podium en París. Se quedó más cerca que nunca de Contador, 39 segundos que fueron prácticamente los mismos que perdió por avería el día que Alberto se vistió de amarillo.

El de Pinto llegó a la crono final con 8 segundos de ventaja y el bueno de Andy llegó a crear dudas en la primera parte del recorrido, donde llegó a verse virtualmente a tan solo dos segundos de la victoria final. Pero Alberto había estado controlando su esfuerzo, y pese a no hacer una buena contrarreloj, su experiencia y su buen hacer en el tramo final de la etapa le llevaron hasta su tercer Tour, el segundo de forma consecutiva. Hablaron por si solas las imágenes de un Contador extenuado nada más pasar la línea de llegada. De nuevo el madrileño se hacía con la corona en los Campos Elíseos, pero Andy se le había acercado más que nunca, por lo que los amantes del ciclismo empezaron desde aquel momento a contar los días para el pistoletazo de salida a esta edición 2011, esperando un nuevo capítulo de la preciosa rivalidad que ambos genios han creado.

Después ya vendría todo lo demás. El extrañísimo positivo de Contador, las intromisiones políticas en el caso, la absolución de la Federación Española; y sobre todo, el pasotismo de UCI y AMA, enfrascadas ambas en una lucha que no ha hecho sino perjudicar tanto al mundo del ciclismo en general como a Alberto en particular. Esto ha creado una situación ridícula, donde Alberto ha ganado un Giro que puede perder y tomará la salida del Tour sin saber si se lo quitarán si lo gana. De proclamarse vencedor y ser sancionado posteriormente, podría perder dos Tours y un Giro. Un descomunal absurdo que ha puesto de manifiesto la incapacidad de las autoridades ciclistas para la toma de decisiones importantes.

Contador aún no sabe si podrá conservar sus victorias en el Tour 2010 y el Giro 2011, así como el Tour 2011 si finalmente llega a ganarlo

Afortunadamente ya ha pasado un año y el Tour ya está aquí. Volverá a hablarse -¿sólo?- de ciclismo y las noticias volverán a centrarse en Contador y Schleck, Andy y Alberto. Salvo sorpresa mayúscula volverán a ser ellos dos los que se jueguen el triunfo final. El madrileño ha querido quitarse presión y le ha otorgado el favoritismo al luxemburgués. Tiene sus razones: Andy ha enfocado toda la temporada a la preparación del Tour, mientras que Alberto viene de ganar un Giro durísimo y su rendimiento ofrece dudas.

Al menos eso dice él. Pero por muchos balones fuera que quiera echar, el favorito en las quinielas es él. Quitando su debut en la ronda francesa en 2005 -donde finalizó 31º-, ha ganado las seis grandes vueltas en las que ha tomado la salida: Tour 2007, Giro 2008, Vuelta 2008, Tour 2009, Tour 2010 y Giro 2011. Unos números impresionantes que muestran a las claras que cuando Contador se presenta en la salida de una grande lo hace para ganarla. Pero Andy Schleck está empeñado en cortar la triunfal racha del español y cada año parece estar más preparado para hacerlo.

Andy Shleck espera conservar hasta París el amarillo que llegó a llevar el año pasado

Andy saltó a la escena del ciclismo en el Giro de 2007, cuando con tan solo 22 añitos logró colarse segundo en la general a 1:55 del italiano Danilo Di Luca. Al año siguiente mostró sus credenciales en el Tour, acabandó undécimo en la general y llevándose el maillot blanco. Andy ha dominado desde entonces la clasificación del mejor joven, pero su evolución en la general ha sido espectacular. En 2009 acabó en segunda posición a 4:11 de Contador, imponiéndose a nombres como Armstrong, Bradley Wiggins, su hermano Frank o Andreas Kloden.

El año pasado su posición final no cambió, pero si la forma de producirse. Esta vez no defendió el segundo puesto de todos los demás, sino que le plantó cara a Contador hasta el último día y acabó a tan solo 39 segundos. En esta ocasión su lugar de privilegio tras Alberto no corrió peligro. Ni Denis Menchov ni Samuel Sánchez lograron ponerle en aprietos, por lo que tuvieron que conformarse con luchar por el último escalón del podium parisino, que finalmente fue para el ruso.

El podium de 2010: Alberto Contador (Astaná), Andy Schleck (Saxo Bank) y Denis Menchov (Rabobank)

Para muchos este debe ser el año definitivo de Andy. A su favor tiene la preparación de la temporada, totalmente enfocada a ganar la ronda gala; y su capacidad de progresión, sobre todo en contrarreloj. A estas alturas ya nadie pone en duda que el luxemburgués es todo un superclase que habría dominado el Tour en otra época. Que la presencia de Alberto en el pelotón es lo único que hasta ahora le ha separado de estrenar su palmarés en una grande. Podría ser este año.

Ambos han cambiado de maillot. Andy Schleck dejó el Saxo Bank junto a su hermano y Cancellara, entre otros; y Bjarne Riis enseguida se puso manos a la obra para cubrir su baja. ¿Y con quién mejor que con Alberto? El madrileño dejaba Astaná y se convertía en el objetivo de todos los equipos fuertes del pelotón. Al final fue el Saxo Bank, que espera de esta forma proclamarse campeón del Tour tras los dos segundos puestos de Andy.

El resto de batallas

El tercer puesto

Aunque parezca aventurado cerrar la lucha por la victoria final a tan solo dos corredores, lo cierto es que sería una sorpresa mayúscula que la victoria final no fuese para Andy o Alberto. De ser así, la lucha por la tercera plaza volverá a ser otro de los grandes atractivos de la prueba. Aquí el abanico de favoritos se abre un poco más:

Samuel Sánchez: El asturiano se quedó a las puertas del podium en 2010 y espera dar un paso más este año.

Cadel Evans: Uno de los corredores más completos y regulares del pelotón, gran aspirante a la tercera plaza.

Ivan Basso: No ha corrido el Giro, por lo que llega más fresco que otras veces. Podría dar la sorpresa.

Robert Gesink: Le falta ganar algo de continuidad en rondas de tres semanas. Habrá que vigilarle en la montaña.

Jurgen Van Den Broeck: Ya no está tan tapado como el año pasado. Otra rueda a seguir en la montaña.

Bradley Wiggins: Si vuelve a ser el de 2009 habrá que tomarle en serio. Referencia en la crono.

Frank Schleck: Viene a ayudar a su hermano pero no se puede dejar al margen.

Roman Kreuziger: Le falta dar un último paso que le consolide en la élite del pelotón.

Además de estos ocho nombres, aparecen otros ilustres como Levi Leipheimer, Alexandre Vinokurov, Andreas Kloden, Ryder Hesjedal, Chris Horner, Nicolas Roche, David Arroyo o Vladimir Karpets; que si bien no parten como favoritos al podium podrían dar alguna sorpresa.

Las cronos

El suizo Fabian Cancellara será el hombre a batir en la lucha contra el crono

En lo que refiere a la contrarreloj, el favorito es indiscutible: Fabian Cancellara. El hombre a batir del pelotón siempre que salen de uno en uno, es el auténtico dominador de la especialidad en los últimos años. Entre sus rivales -además de los que cuentan para la general como Wiggins o Contador-, destacan David Millar, Tony Martin, David Zabriskie, Richie Porte o Edvald Boasson Hagen.

Los sprints

Mark Cavendish, Tyler Farrar, Alessandro Petacchi y Thor Hushovd son los cuatro sprinters con más nombre del Tour, pero habrá que prestar atención a otros velocistas como André Greipel, Tom Boonen, Gerald Ciolek, Borut Bozic, Mark Renshaw, Bernhard Eisel o los españoles José Joaquín Rojas y Fran Ventoso.

Las demás etapas

Por último falta nombrar a aquellos corredores que serán los encargados de animar la carrera en las jornadas de transición, y que buscarán triunfos de etapa. Philipp Gilbert, Luis Leon Sánchez, Sylvain Chavanel y David Moncoutié son cuatro de los ciclistas que siempre se dejan ver. Pero tampoco conviene olvidar a muchos otros como Jens Voigt, Egoi Martínez, Carlos Barredo, Janez Brajkovic, Vasil Kiryienka, Joan Antoni Flecha, Rigoberto Urán, Sandy Casar, Damiano Cunego, Thomas Voeckler, Aleksandr Kolobnev o Romain Feillu.

Por último, destacar un dato histórico. Por primera vez en la historia, un ciclista de color tomará la salida en la ronda gala. Su nombre es Yohann Gené.

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Yo creo en la inocencia de Alberto. No soy médico ni tengo un laboratorio contra el doping, ni tampoco me hace falta. Y creo en él porque nunca le ha hecho falta, porque siempre se ha alzado como el gran campeón llamado a comandar el renacimiento del ciclismo tras sus tiempos más oscuros. Esa dicotomía naciente con el luxemburgués Andy Schleck, que cada año llega más fuerte y más cerca, estaba consiguiendo devolver al ciclismo a las cotas que merece. Y parece que vamos por el buen camino.

O al menos eso parece. Ahora se oyen voces ventajistas alarmando sobre el ennegrecimiento de tan precioso deporte. Pero basta con echar la vista atrás unos pocos años para darse perfecta cuenta de que el panorama ha mejorado considerablemente. Los escándalos del Festina de Richard Virenque, los positivos de grandes campeones como Roberto Heras, Óscar Sevilla o Joseba Beloki, la alargadísima sombra que no cesa de perseguir a Lance Armstrong -que curiosamente es el ejemplo de más sospechas producidas sin que acaben en sanción alguna, pese a contarse con testigos presenciales de sus prácticas dopantes-, la archifamosa Operación Puerto, y sobre todo, las trágicas muertes de Marco Pantani y el “Chava” Jiménez.

Esto si ha sido el ciclismo oscuro. No hace tanto, y esto hace que muchos quieran alargar una época que muchos sabemos que ya acabó. Antes el ser extraño era ese ciclista que prefería partirse el pecho en las carreteras y llegar a 10 minutos del líder, en un pelotón donde todos daban por buena esa “ayudita” extra llegada como agua de Mayo por vía intravenosa. Era el ciclismo un deporte de yonkis. Ahora es justo al revés. La mayoría han asumido que la limpieza es el camino, y lo raro es encontrar a un corredor que vaya en busca de esa ayuda. Algunos lo hacen pero son la excepción. Y son pillados.

Y si hay alguien que no necesita ninguna ayuda, ese es Contador. Ya ha demostrado en las carreteras que prefiere ser segundo a ganar con trampas, como ya se vio en su primer Tour, donde asumió el liderazgo de Michael Rasmussen, aquel danés que provenía del mountain-bike que de un año para otro pasó de ser un gran e irregular escalador que se dejaba diez minutos en la crono a un ciclista todoterreno que dominaba todas las especialidades. Algo pasaba y dio positivo. Como tantos otros.

 

Alberto Contador, uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos, librando ahora la batalla por su inocencia

 

Y parece ser que como Alberto Contador. Pero basta con observar un par de cosas para darse cuenta de que este positivo no tiene prácticamente nada que ver con ningún otro. A priori lo único que tienen en común es un control efectuado por un laboratorio que no ha dado el resultado esperado. Pero ahí acaban los paralelismos.

De entrada la Unión Ciclista Internacional ha tardado más de un mes en hacerlo público, lo que es un claro síntoma de que no tienen nada claro que haya habido una práctica dopante, ya que si lo tuviesen claro, este asunto se hubiera hecho público hace más de un mes, y la sanción habría sido inminente.

En segundo lugar, la cantidad encontrada de la sustancia es tan ínfima que sólo existen cinco laboratorios del mundo capaces de encontrarla, por lo que la misma muestra analizada en un laboratorio cualquiera habría dado negativo.

Tercero, el clembuterol no hace absolutamente nada por el rendimiento de un ciclista en tan minúsculas proporciones. Es ridículo jugarse un positivo por algo así. Si no se darían más casos por clembuterol, pero no es así.

Y cuarto -aunque seguro que me dejo muchos más-, Alberto Contador tiene una historia, no ha hablado de conspiraciones como otros ni ha guardado silencio como muchos. Una historia creíble y que da todas las explicaciones necesarias a los hechos producidos. Una historia de lo más sencilla que ha producido un malentendido de unas proporciones gigantescas, y que ha puesto en tela de juicio la victoria de nuestro gran campeón, postulado como una luz abierta ante el oscurantismo que vivió el deporte del sillín en la época de Lance Armstrong, que ya empezó su leyenda cubierto de sospechas al aprovechar la superación de un cáncer de testículos para mejorar de forma extrañísima como ciclista, y la fue perpetrando con el curioso sistema de fichar para su equipo con unos sueldos millonarios a todo aquel que pudiera hacerle frente.

Por ello, yo pongo la mano en el fuego por la inocencia de Alberto. Y como yo millones más. Porque nada encaja, todo está cogido por los pelos. Ni siquiera había querido mencionar ese supuesto plastificante que parece ser un invento de los periódicos norteamericanos (aquellos que corrían grandes cortinas de humo con cada sospecha de dopaje de su campeón) y los franceses (frustrados por el éxito ajeno unido al fracaso propio). Por todo esto, pero sobre todo porque la UCI, gran perseguidora de las prácticas dopantes, cree en la inocencia de Alberto.

Pep Guardiola, uno de los pocos deportistas que han limpiado su nombre por completo tras ser acusados de dopaje

Y sería fantástico para mi, ya que supondría que el segundo de mis grandes ídolos deportivos acusado de dopaje logra limpiar su nombre. Es algo que muy pocos han conseguido, y entre ellos se encuentra Pep Guardiola, que vivió en sus carnes la injusticia de una mentira en la que tampoco nada encajaba -Pep lo había sido todo en el equipo de sus sueños, y disfrutaba de un retiro futbolístico en Italia enfocado al aprendizaje de nuevas técnicas y tácticas a desarrollar en su incipiente carrera de entrenador-, y que tras una incesante lucha consiguió limpiar su nombre de forma completa, aunque a muchos se les haya olvidado. Ahora Alberto está en el camino de lo mismo, de demostrar por completo su inocencia; aunque para muchos falsos amantes del deporte siempre habrá una nube de sospecha sobre sus cabezas.