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Que no es otra cosa que ganar torneos. Las malas lenguas -siempre las hay, cuando se trata de aventurar el ocaso de algún gran campeón-, hablan de que jamás volverá a ser el que fue, que este año ha sido el inicio de un declive del que ya no volverá a recuperarse. Curiosamente se oyen ahora las mismas voces que sonaban en 2008, la primera vez que Rafa Nadal consiguió destronarle; y que se ocultaron cuando el suizo recuperó el cetro mundial. En 2010 el balear ha sido muy superior a todos, y ha conseguido bajar a Federer por segunda vez, y de forma más rotunda. Parece que no hay fisuras, pero no cabe duda de que Federer se va a dejar las muñecas en el intento de buscarlas. Ya otra cosa es que lo consiga.

Pero se ha puesto manos a la obra. Ha preparado a conciencia este final de temporada con la intención de imponerse en el Masters. Tras llegar a la final de Shanghai, donde un gran Andy Murray le barrió de la pista, ha conseguido imponerse en el ATP 250 de Estocolmo, derrotando en la final al alemán Florian Mayer por 6-4 y 6-3. Un triunfo que le va a venir muy bien para encarar el final de temporada, donde tras jugar en su tierra natal el ATP 500 de Basilea, jugará el último Masters 1000 de la temporada, el de París-Bercy, para acudir finalmente a la Copa de Maestros de Londres.

 

El suizo Roger Federer, levantando en Estocolmo el 64º título de su carrera

 

Roger quiere seguir haciendo historia, y con la victoria del domingo lo ha vuelto a conseguir, ya que ha elevado su número de trofeos a 64, superando al sueco Bjorn Borg e igualando al norteamericano Pete Sampras, el anterior dominador del circuito, empatando en la cuarta posición de todos los tiempos. Por delante ya sólo quedan John McEnroe con 77, Ivan Lendl con 94, y en lo más alto Jimmy Connors con 107. Quizás fue eso lo que le puso emotivo, ya que dijo que ahora saborea más cada triunfo porque nunca sabe cuando va a ser el último. También puede ser sólo un farol. Con Roger nunca se sabe, pero no cabe duda de que en 2011 seguirá estando arriba.

Respecto a lo que queda de 2010, se va dilucidando la composición del torneo de maestros de Londres, renombrada el año pasado como ATP World Tour Finals. Con los cuatro dominadores del circuito ya metidos (Nadal, Federer, Djokovic y Murray), y la segura presencia de Robin Soderling, quinto en discordia a día de hoy, quedan tres plazas para un gran número de tenistas. A día de hoy las ocupan el checo Thomas Berdych y los españoles Fernando Verdasco y David Ferrer, que podrían elevar al número de tres la representación nacional en Londres.

 

David Ferrer y Fernando Verdasco buscarán acompañar a Rafa en la Copa de Maestros de Londres

 

No tienen una tarea fácil. Un ejército de tenistas lo darán todo para colarse entre los ocho nombres que pelearán el último título del año. Parece que Andy Roddick, actual número 9 no va a llegar en forma a la cita, pero detrás vienen tenistas como los rusos Mikhail Youzhny (10º), y Nikolai Davydenko (11º y actual campeón), el austriaco Jurgen Melzar (12º), o el francés Jo-Wilfred Tsonga (13º), que lo van a dar todo en Basilea y París para obtener el billete a Londres. Lo que está claro es que independientemente de que lleguen unos u otros, el nivel del torneo va a volver a ser espectacular. Esperemos que David y Fernando puedan llegar.

Tradicionalmente el tenis ha sido un deporte de grandes dominadores y duelos que han marcado diversas épocas. En los 70 y los 80 sólo el sueco Bjorn Borg lograba colarse en la tiranía estadounidense, establecida primero por Jimmy Connors, y después por Ivan Lendl y John McEnroe. A finales de los 80 sufrió un pequeño bajón, hasta que en el 93 emergía la figura de Pete Sampras, que acabaría convirtiéndose en el gran dominador de la década, siempre con el permiso de su compatriota André Agassi.

De ahí sucedió otra pequeña crisis hasta que llegó Roger Federer. Muchos tenistas diferentes liderando la ATP durante escasos periodos de tiempo, incluyendo los dos primeros españoles en lograrlo -Carlos Moyá lo fue durante dos semanas en 1999 y Juan Carlos Ferrero comandó la lista durante 8 semanas en 2003-, y alguno un poco más duradero, como el brasileño Gustavo Kuerten o el australiano Lleyton Hewitt. Pero fue el suizo el que estableció una tiranía de cuatro años, hasta que en el 2008 apareció Rafa Nadal. Federer consiguió recuperar el liderato un año más tarde, pero volvió a perderlo este 2010 en el que Rafa ha sumado tres títulos de Grand Slam.

Pocos dudan de que el gran Roger volverá, pero lo que no está tan claro es que Rafa le deje subir al número uno. Esto lleva a plantearse si estamos ante el inicio de una dictadura de Rafa Nadal que se extienda durante varios años, o si por el contrario Federer u otro outsider lograrán desbancarle o acercarse. Para ello habrá que ver quienes son esos aspirantes, y en la actualidad hay uno que se eleva por encima del resto: el escocés Andy Murray.

 

El escocés Andy Murray, reciente ganador en Shanghai

 

Viene de ganar el Masters 1000 de Shanghai, vapuleando en la final a Federer, a quien ya ha ganado en ocho ocasiones. Esta victoria supone el sexto título de este nivel en su carrera de un total de 16, y aporta un dato interesante. Este Masters, sumado al de Toronto que se adjudicó en verano, hacen que sea el único jugador junto a Rafa Nadal en lograr más de un Masters 1000 este año (el español lleva tres). Supera en esta clasificación al suizo Roger Federer, al croata Ivan Ljubicic y al estadounidense Andy Roddick, vencedores de un título cada uno. Sorprende la ausencia en esta lista del serbio Novak Djokovic, reciéntemente relevado por Federer a la tercera posición mundial, y cuyas únicas victorias en 2010 corresponden a los ATP 500 de Dubai y Pekín.

Y es que Djokovic parece que se está quedando por el camino después de su potente irrupción en el circuito como alternativa real a la dicotomía Rafa – Roger, pero su falta de constancia y su incapacidad para sacar su mejor tenis en los momentos más difíciles están cortando su progresión. Nadie duda de que tiene muchísimo tenis, pero lo cierto es que Andy Murray le está comiendo la tostada. Y esta diferencia no es una cuestión de resultados, es algo que se aprecia viendo sus actuaciones. Djokovic enlaza partidos magníficos con auténticos desastres, es raro incluso cuando gana que no tenga unos momentos de bajón. Dobles faltas que no vienen a cuento y una gran facilidad para borrarse de los partidos. Afortunadamente es tan bueno que contra la mayoría de los jugadores le da tiempo a reponerse y acabar llevándose la victoria, pero cuando llegan las rondas finales de los grandes torneos se le empieza a encoger el brazo y se le suele atragantar cualquier rival que le sepa mover.

También se puede atender a los rivales que se han encontrado en las finales importantes que han ganado. Djokovic consiguió su único Grand Slam ante Jo-Wilfred Tsonga, mientras que ha logrado sus cinco Masters 1000 ante Guillermo Cañas, Stanislas Wawrinka, Mardy Fish, Gael Monfils, y por fin, uno ante Federer. También ganó la Copa Masters ante Davydenko. Por su parte, perdió dos finales del Open USA, una ante Roger y otra ante Rafa, y seis finales de Masters 1000, tres ante Rafa, una ante Roger y dos ante el propio Murray.

El escocés por su parte ha perdido las dos únicas finales de Grand Slam que ha disputado, ambas ante Federer; pero a cambio muestra un registro de 6-1 en las finales de Masters 1000, donde sólo le ha derrotado Rafa y donde ha conseguido dos victorias ante Federer, dos ante Djokovic, una ante el argentino Juan Martín Del Potro, y una ante el francés Gilles Simon. Esto nos quiere decir que Djokovic tiende a ganar cuando se le allanan los cuadros de los torneos, mientras que Murray consigue sus mejores victorias ante los tenistas que comparten con él la parte alta del ranking ATP.

Está claro que Federer puede volver por donde solía, o que Djokovic puede encontrar la continuidad que su juego pide a gritos. Incluso que otros nombres como Del Potro o el letón Ernest Gulbis, o incluso el checo Thomas Berdych den el paso adelante necesario para acercarse a Rafa; pero está claro que si alguien puede crecer lo suficiente como para llegar a su altura es Andy Murray, quien a sus 23 años parece haber encontrado la línea en su juego que le lleve a consagrarse como el primero de los outsiders, y quien sabe si a evitar la incipiente tiranía del balear, formando junto a él una época común en el tenis. En su raqueta estará.