El portugués Jose Mourinho vive sus peores días desde que llegó a Concha Espina este verano

Hace ya unas cuantas semanas que el Real Madrid de Jose Mourinho no parece el mismo, aquel que goleaba con relativa facilidad la mayoría de los partidos, coincidiendo con una increíble racha de Cristiano Ronaldo. La temporada empezó con una sensación de igualdad entre Madrid y Barça que aventuraba entre ambos una lucha sin cuartel de 38 jornadas (37 como muchísimo). Una lucha de estilos, ambos válidos y sobradamente efectivos. Uno de los que mejor los ha resumido fue Juanma Lillo en una entrevista en Gol TV, quien tras apuntar que se podrían escribir varios tomos sobre las diferencias entre uno y otro, trataba de resumirlas expresando que el Madrid “improvisa soluciones fenomenales ante los diferentes lances que transcurren en un partido”, mientras que el Barcelona “trata de provocar con su juego los lances que le convienen, y los explota al máximo”.

Y es precisamente esta diferencia en la forma lo que parecía otorgarle una ligera ventaja a los de Guardiola (además del hecho de ser un equipo formado desde hace años), pero en el fondo las diferencias eran inexistentes. A lo largo de casi toda la primera vuelta ambos se dejaron poquísimos puntos, y eran habituales las goleadas y los partidos completamente resueltos antes del descanso. Tanto es así que hace menos de un mes el Madrid estaba a dos puntos del Barça habiendo perdido el primer clásico, es decir, había sacado un punto más descontando el enfrentamiento directo. Además logró colarse en semifinales de Copa por primera vez en muchos años, y llegó con solvencia a los octavos de final de Champions (las dos competiciones que más lastraron la posible continuidad de Manuel Pellegrini la temporada pasada). Mourinho pasaba todos los exámenes -excepto el Camp Nou-, y frecuentemente con nota.

Pero el optimismo del madridismo venía sobre todo porque se empezaba a atisbar un cierto modelo, un estilo muy ofensivo. Aunque su definición no estaba clara, al menos la parroquia merengue tenía un once titular indiscutible que aprenderse. El “Casillas y diez más” de los últimos tiempos parecía estar en las últimas: Se consolidó la pareja Pepe – Carvalho en el centro de la defensa, con Ramos y Marcelo en las bandas. En el doble pivote Khedira y Xabi Alonso se habían hecho con los dos puestos con más opciones de la plantilla (Gago, Lass, Mahamadou Diarra… además de la idea interesante de Granero en la organización). Mesut Ozil se había erigido en ese Guti que tanto echa de menos el Bernabeú (aunque muchos sectores jamás lo reconozcan), con Cristiano y Di María en las bandas, y el “Pipita” Higuaín de referencia.

La lesión de Higuaín se contempla como una de las causas del bajón de rendimiento del Madrid

Este once se complementaba con “suplentes habituales” que gozaban de bastantes minutos, como Arbeloa, Benzema y Lass. Mourinho creó una base de 14 jugadores que le funcionaban, y nada hacía prever que se saldría del guión. Pero los problemas que venía arrastrando Gonzalo Higuaín acabaron en una grave lesión que le hacía despedirse prácticamente de la temporada. Y volvió el debate del nueve, y Mou empezó a sacar su peor cara: le declaró la guerra a Jorge Valdano -e indirectamente a Florentino-, se empezó a borrar de las ruedas de prensa, dejándole el “marrón” al bueno de Aitor Karanka, y endureció sus críticas a Karim Benzema. Empezaron las convocatorias con Benzema como único delantero centro, condenando al ostracismo del Castilla al prometedor Álvaro Morata, e incluso dejando al francés en el banquillo para jugar sin referencia pura, claras consignas hacia la dirección deportiva del club: sin Higuaín sólo tiene un nueve, y no se fía de él.

Al final, Florentino acabó cediendo y hace unos días era presentado Adebayor cedido por el City hasta final de temporada con una opción de compra en torno a los 15 millones de euros. No cabe duda de que es un buen fichaje, pero que nadie se engañe: no era la primera opción del Madrid, sólo era la más fácil, dada la escasez de protagonismo que ha tenido el togolés en el hacinado equipo de Roberto Mancini en la presente temporada. La mejor opción era Edin Dzeko, pero el propio City se le adelantó (aunque su llegada haría aún más viable el fichaje de Adebayor). Otra era Fernando Llorente, pero ahí Florentino se cerró en banda: no quería enturbiar las buenas relaciones que mantiene con el Athletic. Hay fuentes que afirman que está ya hecho para este verano, pero también hay quienes le colocan en la órbita del Tottenham -¿quizás con el dinero de la venta de Gareth Bale a Barça o Inter?. Cogió entonces fuerza el posible regreso de Ruud Van Nistelrooy, pero el Madrid le quería gratis y el Hamburgo se negó. Y por lo visto también quisieron pescar en río revuelto, con lo que fueron al Manzanares, donde al parecer preguntaron por el Kun Agüero y por Forlán, pero recibieron sendas negativas. Así las cosas, Adebayor se volvió la mejor opción, pese a llevar pocos minutos de juego esta temporada y su carácter difícil -en el City firmó su sentencia cuando se peleó con Kolo Touré, uno de los capos del vestuario sky blue-. Un delantero experimentado que amenice la espera hasta la vuelta del Pipita.

Finalmente Emmanuel Adebayor ha sido el nueve que pedía Jose Mourinho para suplir a Higuaín

Pero antes de la llegada de Adebayor, había llegado Enero, con un calendario cargado de partidos entre semana que obligaba a las rotaciones. Volvió Kaka, se empezó a ver a Albiol, a Granero, a Pedro León; la presencia de hombres como Lass, Arbeloa o Benzema se hizo mayor, y otros como Ozil o Di María empezaban a dar síntomas de cansancio tras un inicio de temporada soberbio. Los partidos ya no se ganaban con tanta solvencia, y sólo los arreones de Cristiano, las actuaciones de Iker, e incluso algunas actuaciones arbitrales polémicas en el Bernabeú -Valencia, Sevilla, Villarreal- permitían al Madrid aguantar el ritmo del Barça, que una vez superadas las dudas iniciales, empezó una racha descomunal de goleadas continuas que le han llevado a igualar las 15 victorias consecutivas en Liga del Madrid de Di Stefano. Los Messi, Iniesta, Pedro, Xavi, Villa, Busquets… parece elevar su listón por momentos, y comenzó a extenderse por Madrid la sensación de que cualquier paso en falso podría ser definitivo.

Y llegaron los tropiezos, coincidiendo con el bajón físico y goleador de Cristiano. El primero fue en Almería, donde sólo la conexión Karim Benzema – Esteban Granero consiguió salvar un punto tras un incontestable derechazo del “Pirata”. Una semana después se intercambiarían los papeles para conseguir una agónica victoria en el Bernabeú ante el Mallorca. Y tras encarrilar su pase a la final copera tras otra polémica victoria por la mínima en el Sanchez Pizjuán -golazo de Karim incluido-, llegaron al complicado Reyno de Navarra; donde un gol de Javier Camuñas recién superada la hora de partido dejó hundido al Madrid. Mourinho se la jugó con un triple cambio que despistó tanto a su rival como a los suyos: juntó en ataque a Benzema, Cristiano Ronaldo, Ozil, Adebayor y Kaka, con Xabi Alonso detrás y Arbeloa y Ramos convertidos en extremos. De “defensas” quedaron Carvalho y Khedira, a quienes Carlos Aranda dio un recital de juego de espaldas en la última media hora de partido. El respetable soñaba con la remontada pero no lo veía nada claro; y tenía sus motivos, porque desde el gol rojillo el Madrid no tiró a puerta ni una sola vez. Una falta de Ozil que se marchó por poco fue lo más destacable. Ni Cristiano Ronaldo, que lleva semanas bastante flojo; ni Karim Benzema, que cuajó un partido más que aceptable; ni el gol que llevó bajo el brazo Adebayor a sus anteriores estrenos en la Premier. Ésta vez no hubo épica, Osasuna ganó; y tras sumar un solo empate en sus dos últimas salidas, el Barça se escapa a siete puntos.

 

Karim Benzema ha respondido con goles importantes ante las críticas de su entrenador

El propio Mourinho dijo que si el Barça se iba más allá de 6 puntos, la Liga estaba perdida. Pero nadie en Can Barça tiene la menor duda de que el Madrid va a seguir ahí, peleando hasta el final. Habrá que ver si el Barça pincha y como acaba el Clásico del Bernabeú; queda muchísima liga, y si hay un equipo que jamás tira la toalla en momentos difíciles, ese es el Real Madrid. También aparecen las voces pesimistas que miran hacia abajo, donde se encuentran con un gran Villarreal, que si bien todavía no aprieta demasiado, hace bien poco estaba mucho más lejos. Y hasta el Valencia, que si esta noche consigue imponerse al Racing seguirá a dos puntos de los amarillos.

Y hay quien habla de centrarse en Copa y Champions, donde también amenaza el Barça con meterse de por medio -más en la copa, donde el Madrid está a un paso de una final en la que prácticamente ya esperan los culés-. Esta idea se antoja demasiado extremista para un club como el Madrid, pero adquiere lógica viendo que Mourinho sólo ha confiado en 14 jugadores de la plantilla en la primera vuelta -el once habitual, más Arbeloa, Lass y Benzema-, y en este último tampoco confía mucho. En teoría con Kaka y Adebayor deberían ser 16, pero tampoco parecen suficientes como para afrontar con garantías la fase final de tres competiciones. Hasta ahora el 15º jugador más utilizado en Liga por Mou ha sido Albiol, con 430 minutos en 8 partidos. Y el siguiente es Granero, que en 9 apariciones sólo suma 216.

Por lo que refiere al resto de la plantilla madridista, -que a priori se antojaba más profunda que la culé- su presencia ha sido testimonial: Kaka ha disputado 176 minutos, Pedro León 135, Canales 102, Gago 61, Diarra 30, Juan Carlos 13, Garay 9 y Morata 4. Mateos todavía no ha saltado al campo pese a tener ficha del primer equipo. Las oportunidades por parte del portugués escasean, y en algunos casos resulta notable, tales como los de Granero, que tanto el año pasado como este ha dado un buen nivel cuando se le ha requerido, como los de Canales y Pedro León, recién llegados hace unos meses. Eso por no hablar de los irrisorios nueve minutos de los que ha disfrutado Garay este año; o de los cuatro de Álvaro Morata, la nueva perla de la cantera blanca que no cesa de reivindicarse con el Castilla a base de golazos mientras su entrenador encadena convocatorias con un solo delantero centro, que en ocasiones incluso se queda en el banquillo. Además ahora la llegada de Adebayor ha terminado de cerrar una puerta que Mourinho decidió no abrir.

 

El canterano Álvaro Morata sigue reivindicándose con goles en el Castilla

El jovencísimo madrileño de 18 años recién cumplidos está emergiendo como la figura del filial, pero su futuro se antoja incierto. Los aficionados se preguntan si será el nuevo Raúl, o si por el contrario pasará a engrosar la lista de arietes que abandonan la entidad tras destacar en categorías inferiores, junto a los Portillo, Soldado, Negredo, Mata, Szalai… Está por ver, pero de momento no parece que Mou le vaya a dar la alternativa. Sería también una bonita forma de ilusionar a los socios, que buscan desde hace años un referente en la cantera que abandere el ataque del Madrid durante años. Y ahora que el Real Madrid entra en barrena, no sería mala idea traer dinamita nueva.

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comentarios
  1. dinho730 dice:

    la verdad muy bueno tu resumen de lo que ha sido la liga hasta aca felicidades saludos desde venezuela y vizca barca

  2. Domenico Modugno dice:

    Las ligas no se ganan en enero… Si el RM logra superar el bajón físico, puede volver a la pelea.

  3. swinxysports dice:

    dinho, muchas gracias por tus palabras, animan a seguir en esto.
    domenico, estoy de acuerdo, ya he dicho que no me creo que el Madrid se vaya a olvidar de la liga. Otra cosa es que tenga que sumar 7 puntos más que el Barça (probablemente ocho, salvo set en blanco en el Clásico) en las 17 jornadas que quedan, cuando el Barça en las 21 primeras sólo se ha dejado 5 puntos.

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